gulp!

ADVERTENCIA: ud está por leer un blog sin filtros.

wish you were here

Cuando se está mucho tiempo en soledad se desarrolla una imaginación inagotable que es la red que te sostiene; entonces, la otra noche, te estaba imaginando.
Podías ser cualquiera; tan sólo tenías que venir a mi cama.
Venías y como un fantasma, sin tocarme, recorrías mi cuerpo, oliéndolo, besándolo sin tocarlo.
Me desabrochabas los botones de la camisa, lento, como un ritual.
Me desnudabas tan despacio que mi impaciencia se sorprendía.
Y cuando finalmente me penetrabas, sin miedo, y yo estaba lista y feliz, desaparecías como el humo y sentía el hielo como una serpiente reptando por mi piel.

De porqué el verano me da miedo y a la vez esperanza

Afuera hacían 35 grados.
Adentro, en mi cama, tapada y temblando de miedo, hacían 5.
Me arrancaba los pelitos del brazo con una pincita, tratando de pensar en otra cosa.

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Eran las seis de la mañana y yo seguía llorando como una idiota por un idiota.
Arruiné unas vacaciones por ese idiota.
A las 4 am hacían 35 grados.

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Eran las dos y en el póker yo estaba ganando.
El alcohol mojaba todo.
Los Redondos sonaban de fondo.

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Eran las doce; nos preparábamos para salir, riendo, pensando sólo en las absurdas letras de las canciones de fondo, llevando botellas de vino.

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Eran las diez, y anticipaba otra noche, rolando un cigarrillo entre los dedos, sola y sobre el césped, tomando licor.

the blood is love

Qué cliché, verdad?
Llegar después de un día cansador, y meterse en la bañera, con Opeth de fondo.
Tomar la gillette, por supuesto, nueva, y pasarla por todo el antebrazo, en posición horizontal; todo buen cortador sabe que la vertical atraviesa las venas basílicas y cefálicas provocando una muerte poéticamente lenta. Rápido, porque lastima con superficialidad, para cuando la rabia salta en forma de lágrimas; lento, para cuando la tristeza invade como un moho, porque lastima despacio y la sangre llega a salir, dibujando una línea perezosa sobre mi piel del color de la creme caramel, y cayendo suavemente, como una pluma, sobre el agua.
En mis devaneos filosos supe pensar, en el preciso momento que la hoja me cortaba la carne, qué estoy haciendo? ¡duele! ¡tengo que parar! Obvio que duele. Qué estúpida la gente que piensa que no duele. Duele muchísimo. Y arde luego (ni hablar cuando la ropa se pega a las heridas; hay que andar con gasa por todos lados). Y sin embargo lo hice.
La última vez no estaba en la bañera. Estaba frente al espejo y lo hice rápido y con furia, y me dejé las marcas más anchas que llevo. La campera se me pegó a las heridas y el ardor era insoportable, pero sonreí. Estaba satisfecha.
Que te descubran las marcas implica una especie de blandura a tu alrededor, y por un tiempo todo objeto cortante, punzante y potencialmente hiriente desaparece de tu alcance, como si fueras un bebé.
Más de una vez estuve tentada de quemarlas con los cigarrillos en un ebrio trance de amargura, pero no fui tan valiente.
Hoy las miro. Me siento tentada de hacerlo, de sentir ese dolor divino, pero no puedo. Me hice una promesa. Y yo jamás rompo promesas.

going to california



There was I. Let’s say, just someone standing in front of an old record store, with a long jacket despite the crescent heat in somehow the fake winter in the city.
So, back, there i was, looking at the glass pane. I felt sad. I was lost. Where would i find me, but here, with the music i always took as my refuge? However, something was missing. It was you. An unknown whom i perhaps would never meet, a reminescence of my past life, maybe? I always think i was some kind of hippie and od’ed at a concert somewhere in 1975. And there you were. And i will never know you, but i know you know me. And that you can read this. Across the universe, when i die, i can get to see you. I wish you were here, it’s never been the same since my fourteens. I lost the tea and the candles, and jack daniel’s with black and white grained pictures, and rimbaud teasing my heart on the sleepless nights. So young. I am so scared, stranger. I am so scared to fall. To lose again. To lose myself and never be able to find the road back. I want to play, i want to sing. here i am, doing all that, but i lack you. Come back. I need you, even if i can’t see you. I feel the demons there, waiting. I am so scared. Sing softly to me. Play me my song. I want to touch the soft sun light, sitting on the grass, as we always did. Why did you go? Did i go away? When i panicked in the forest, i felt you release my hand. And i felt scared for the first time in ages. And i died.

Dolor

El atardecer, con su luz dorada sobre el pasto, me recuerda tanto a nosotros que me invade un dolor, chiquito, agudo, como un hilito de sangre, y tengo que agarrar rápido los auriculares y escuchar algo que no me haga acordar a vos, pero es difícil porque todo me hace acordar a vos, y entonces te veo, te veo en el pasto, te veo en la luz dorada, te veo en el olor a noche, te veo en la cocina, te veo en la copa de vino, te veo en el té que estoy tomando, y en el disco que estoy escuchando, incluso hoy me pareció ver un haz rubio que se coló por la ventana del instituto.
Pero cuando te veo no siento placer. Siento dolor. Si te veo de verdad, más aún: se convierte en una paliza al alma que me hace pensar que no te veo siempre y te sonrío, feliz pero no. Te sonrío para no llorar enfrente tuyo sintiéndome patética y reflexionándote a los gritos que no te quiero pero me gustaría aprender a quererte, y decirte que a tu lado siento paz, pero cuando te vas no hay sino caos en mí y te llevás con tu mochila mi sensatez. Entonces, dolor mío, siempre dolés, pero dolés lindo, como un tatuaje, como una cicatriz de gato, como la gillete. Hola, dolor mío.

Nights on the edge

A las dos de la mañana, con el Gulp de fondo y manejando hasta el río, donde voy a prender algo y tomar licor de chocolate dejando que la nostalgia me invada como un tintero volcado sobre el corazón.

Gato negro

Un enorme gato negro está durmiendo a la lumbre de las cuatro en el sillón de terciopelo rojo.
Hay olor a sándalo. Una pava silba; en dos tazas hay hebras de té.
Las sillas de mimbre y las plantas dan un aire a algo garciamarquesco, algo tropical, aunque no hace tanto calor.
Los pájaros en los árboles del patio, viejos y frondosos, cantan su algarabía de noviembre.
Un cenicero se asoma suicida en el brazo del sillón, cristalino y sucio.
Un cuaderno yace tirado en el piso de alfombra; se puede ver una anotación que dice: comprar café.
El gato negro abre un ojo, amarillo ámbar, atento.
Algo lo ha despertado.
El gato blanco, que se ha subido a una de las sillas, se limpia la cara pacífico.
El gato negro abre el otro ojo, se estira y se sienta, mirando al gato blanco.
El gato blanco apoya una patita color dulce de leche en un brazo de la silla, y ronronea contento.
No hay ajedrez en esa asamblea de pereza gatuna. El gato negro salta al piso alfombrado, donde el sol baldea el género pelusón, y se acuesta estirado bajo su cálido abrazo. El gato blanco acecha a un mamboretá en una hoja de afelandra. De fondo alguien prende a Gilberto y a Getz.

acerca de esas cosas que nos hacen daño, pero qué lindas que son

el tabaco hace mal.
pero pocos olores son tan adictivos como el del tabaco, en especial cuando está luego de horas todavía flotando en el mantel o las sillas.
el alcohol hace mal.
pero qué rico es el vodka cuando suena con mucho rocanrol atrás.
la marihuana hace mal.
pero qué lindo morirse de risa cuando un amigo toma un gran saque y se le inyectan los ojos y no puede parar de toser.
el sexo con muchas personas hace mal (con protección incluida)
pero qué genial conocer tantas geografías
vos, vos sos un cuchillo filosísimo, sos un veneno mortal,
pero qué lindo que sos

acerca de la soledad

hay viento.
el viento me pone triste.
es como un aullido seco y llorón que se mete en los rescoldos más chiquitos y se aflauta y se convierte en un lacerado lamento.
cuando hay viento, no se puede salir a ningún lado; la tierra vuela y los pelos se pegan a la cara, y caminar se torna una tarea complicada porque no se puede ni ver bien hacia dónde se va -literalmente-
pero el viento, sobre todo cuando además está nublado, es un perfecto nutriente de nostalgia.
el viento sopla cuando estoy sola.
últimamente estoy mucho sola.
la soledad, como vos, del otro lado de la pantalla, comprenderás, puede ser de muchas formas.
puede ser en ese barullo de centro de ciudad, cuando estoy esperando el colectivo.
puede ser en este momento, donde no he elegido música para acompañarme y el único sonido -además del ulular del viento- es mi tecleo impreciso.
puede ser a la noche, fumando, tirando el humo en volutas lentas y recordándote.
puede ser cuando te miro y no veo más nada de brillo sino un par de ojos, nada más.
puede ser cuando me desespero y todo me tiembla adentro, y tengo que parar para poder bajar un cambio.
puede ser cuando estás triste por razones que sólo tu razón entiende.
puede ser cuando el miedo aparece y estás solo de verdad.
puede ser cuando tengo que estudiar y elijo mirar algo en el incaa porque me hace olvidar que tengo un examen.
puede ser cuando ya no puedo trazar el mapa de tus lunares.
puede ser cuando, cuando me paso de alcohol, recuerdo momentos lejanos, con otras personas, en otros lugares, y fotos, y me percato de que todo aquello ya no está, y entonces el viento sopla, sopla, sopla...llevando...llevándose el dolor, llevándose la tristeza, sopla...ventarrón...desazón
cuando te aguantás las ganas de llorar
hasta que no podés más
y llorás todo lo que no lloraste antes
durante todo el tiempo de callar
de sufrir
de errar
durante ese tiempo donde la tristeza se ocultaba atrás de tus pupilas
donde temblaba una duda chiquita y fulminante
y explotás
explotás como una gran bomba de tristeza
y de poco
p o c o
vas descubriendo
que el alma
está un poco
más liviana