ADVERTENCIA: ud está por leer un blog sin filtros.

borderline world

sé los cortes que quieres ver en los brazos de otro
sé abstinencia
sé humo
sé olor a tierra porro vino y música
sé la ropa sucia
sé viajar con la ventana abierta
sé enamorarse fatalmente
sé ausencia
sé tristeza
sé alegría
sé temor
sé el viento en la cara
sé la arena mojada
sé ojos verdes
sé ojos azules
sé ojos cafés
sé energía
sé árbol
sé todo eso que ves inalcanzable

sabemos?
en teoría no puedo despegarme de tu piel
qué fastidio
volver a sentir tu olor en la remera
viniste a desordenarme las sábanas!!!
y a dejar tu pelo dorado por todos lados
basta de obsesiones
seamos sólo una buena cerveza de noche
un viaje al caribe
la luna llena
la guitarra
pajaritos
dos gatos en el techo
sólo son y sabor
sólo hedonismo
disfrutarnos 
destruirnos
deschavarnos
descarnarnos
dale que sí?
bailemos al son de cheo feliciano tomando té de frutilla
y taza taza
R
U
N









A
W
A
Y

29 de febrero

En un año bisiesto falleció mi ángel terrestre.
En un año bisiesto me enamoré como una imbécil.
En un año bisiesto perdí muchas estrellas y gané algunas otras.
En un año bisiesto te conocí.
En un año bisiesto sentí la nieve sobre mi pelo.
En un año bisiesto me salvaron la vida.
En un año bisiesto vi tus ojos en la oscuridad brillando con deseo.
En un año bisiesto fui feliz.
En un año bisiesto...viví un día más.

A veces era un gélido rumor de nostalgia.
A veces una caricia de pluma sobre la mejilla.
Pero ya no sé dónde...
Baudelaire y la lluvia olían a vainilla y las lágrimas se secaban en las páginas del Mío Cid que leíamos en el colegio.
Ya no sé dónde esconderlo, ya no sé dónde dejarlo.
Es tanto que el olor a pintura y a café son una reminescencia entre fotos de Barrett y mis tardes solitarias llevan la canela enmarcada en Rembrandt.
Pero ahora, en la lumbre de las cuatro no está. No está en las fotos ni en el jardín.
En un vaso de ginebra o los granos de pimienta...pero tu olor ya no está.

Good friends

Ella lo vio acercarse, y le corrió un escalofrío obsceno por todo el cuerpo erizando su piel, y tuvo que respirar hondo para que no se le arrebolaran las mejillas porque estaba desnuda bajo la capa de soledad
La quebrada de Humahuaca, ubicada en el noroeste argentino, árida, seca, llena de colores y de una brisa casi imperceptible, los cardones que se levantan como centinelas silenciosos, sobre las laderas de esta formación geológica que encierra varios pueblitos dentro de ella como una madre protectora de sueltos ápices de cultura y de esperanza, de sueño, de rumor de río en verano y de susurro de río en invierno, de hojas de coca, de sonrisas.
Precisamente las sonrisas de dos niños en Humahuaca, los recuerdo tan bien, entre ese bullicio de turistas, entre tantos acentos de aquí y de allá menos de acá, sus vocecitas chiquitas como una flor y cadenciosas como un zumbido, pateando una pelota hasta el río bajo el sol de mayo.
Me acerqué con mi cámara; camino por detrás de ellos, que van juntos charlando, los changuitos, con sus pieles tostadas y las rodillas llenas de tierra, esa infantilidad que veo tan preciosa y escasa que me maravilla y me sosiega completamente, mientras ellos hablan de qué lindo tanta gente y de que hay que ir a buscar a Tomás porque no alcanzan para el picadito. 
Se detienen frente a un puestito de los mil que hay en la calle empedrada, uno como tantos otros lleno de telas de colores y sombreros. La viejita que atiende les regala alfajores de cayote, cuyo dulce es tan fibroso y notorio como un recuerdo, y veo por el rabillo del ojo sus caritas que me miran extrañados y divertidos mientras apunto con mi cámara al río que ya está cerca, tranquilo y con tan poco caudal que da lástima.
-Les puedo sacar una foto?- pregunto, avergonzada, no sé por qué, quizás por interrumpir esa magia.
Se miran calladitos y risueños, y me dicen que sí con la cabeza.
Recién ahí los miro bien; tienen la piel de la cara manchada por el sol, los cachetes tostados y hermosos como buñuelos, los labios secos, rosados de su carne rosada, los dientitos chiquitos y blancos y las manitos pequeñas con uñas cortas y rosadas. Sus remeras simples y desteñidas, el pelo corto y negro. Pero lo que más me llama son sus ojos. Unos ojos enormes, marrones claros, con largas pestañas negras, que no puedo deducir si muestran alegría, timidez o resignación.
Tomo la foto. Ellos sonríen y se van corriendo, como si hubiesen hecho una travesura.
Yo sigo caminando de vuelta al pueblo.
Flautas, tambores, voces sonando en armonía, vino, cerveza, guitarra, porro.
Colores, telas, tanta textura, tantos estímulos que me embriagan el cerebro, y la sonrisa se me escapa por las comisuras de la boca como un colibrí y me mete al universo polifónico, me borra los pesares, me sacude las estructuras y me vibra la sangre y me saca de la cabeza tantos amores fallidos, y sólo me hace amar el ritmo y la melodía y el encanto de la vida.
Anoche hubieron fuegos artificiales por los festejos y yo sólo pensaba en lo hermosos que se veían y en cómo me hubiese gustado verlos con vos, que quizás andabas deambulando por ahí viéndolos, y en lo grande que siento la ciudad pensando adónde estás.
sólo quiero estar entre tu piel